Si alguna vez has utilizado Vitacilina para curar una quemadura o una raspadura, probablemente no imagines que detrás de esta medicina se esconde una historia intrigante y algo oscura. ¿Sabías que el fundador de la empresa encargada de crear esta famosa pomada fue acusado de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial? Sí, esta es la historia de Kiso Tsuru, un inmigrante japonés que no solo fue empresario, sino también uno de los personajes más vigilados por los Estados Unidos. Su historia sigue siendo un misterio.
El camino de Kiso Tsuru: de México a Japón y de regreso
Kiso Tsuru nació en Japón y llegó a México en 1918 a los 24 años. Su vida no solo estuvo marcada por la medicina, sino por su incansable labor en el mundo de los negocios. Fundó varias empresas dedicadas a la importación y exportación de productos. Entre ellas se encontraban la Compañía Internacional de Comercio, encargada tiempo después de producir el famoso ungüento; y la Compañía Mexicana de Construcciones, y la Compañía Mexicana Petrolera La Veracruzana. Todas estaban ligadas al capital japonés.
En 1920, obtuvo el título de médico cirujano en Veracruz y pasó a ser conocido como el “doctor Tsuru”. Sin embargo, lo que realmente le dio notoriedad no fue solo su título, sino sus conexiones con poderosos círculos políticos y económicos tanto de Japón como de México. Para 1928, fundó la Compañía Internacional de Drogas, tiempo después, Compañía Internacional de Comercio.
La creciente desconfianza de Estados Unidos
Mientras Tsuru consolidaba su imperio empresarial, Estados Unidos comenzaba a prestarle atención. Las tensiones entre Japón y Estados Unidos aumentaban. Tsuru tenía contactos tanto en el gobierno japonés como en el mexicano, lo que despertó la preocupación de Washington. En 1938, la expropiación petrolera de México agravó aún más la situación, y Tsuru, como parte de la negociación con Japón para comprar el hidrocarburo mexicano, jugó un papel fundamental.
A medida que su influencia crecía, los informes de espionaje de los estadounidenses se hicieron más alarmantes. Se decía que Tsuru, junto con sus contactos cercanos en el gobierno mexicano y japonés, podría estar operando una red de espionaje para Japón. Según estas acusaciones, recababa información estratégica sobre el país y sus recursos naturales.
¿Espía o solo empresario?
Las acusaciones de espionaje fueron tan graves que las empresas de Tsuru fueron incluidas en la “lista negra” de Estados Unidos tras el ataque a Pearl Harbor en 1941. La Oficina Federal de Investigación (FBI) lo señalaba como uno de los principales organizadores de una red de espionaje en América Latina, aunque algunos investigadores, como Sergio Hernández Galindo y Max Paul Friedman, han cuestionado la veracidad de las acusaciones sobre la mayoría de los ciudadanos alemanes y japoneses en América Latina, afirmando que muchas de ellas eran infundadas.
¿Realmente Tsuru era un espía? ¿O simplemente fue víctima de la paranoia de la guerra? Las respuestas siguen siendo inciertas. Lo que sí sabemos es que, a pesar de la creciente presión, Tsuru logró evitar la cárcel y el campo de internamiento, algo que muchos de sus compatriotas no pudieron hacer durante la segunda guerra mundial.
La conexión mexicana
Es interesante cómo la historia de Tsuru no solo toca la política japonesa, sino también la mexicana. Tsuru pudo haber mantenido su libertad gracias a sus sólidos vínculos con figuras clave del gobierno mexicano, como Miguel Alemán, quien en ese momento era secretario de Gobernación.
Aunque casi todos los japoneses fueron internados durante la guerra, Tsuru logró evitar esta suerte. Esto lleva a reflexionar sobre el poder de las amistades y los contactos en México. También nos invita a cuestionar la eficacia y objetividad del gobierno mexicano al implementar su política de concentración e internamiento de los ciudadanos del Eje.
Reflexión final
Aunque a la fecha es difícil demostrar que el “doctor Tsuru” fue un espía del Imperio japonés, sus conexiones con altos funcionarios mexicanos y japoneses tampoco nos permiten descartar esta posibilidad, más en una época en la que el espionaje era el pan de cada día en los asuntos gubernamentales. Su posición política, económica y social lo hacían un sólido candidato para esta labor.
De cualquier manera, la presencia de Kiso Tsuru también nos demuestra los vínculos políticos y económicos que existían entre México y Japón, inclusive en los albores del conflicto del último con Estados Unidos.
Fuentes consultadas
Para empezar
- Hernández Galindo, Sergio. “La creación de espías japoneses como política de Estado durante la Segunda Guerra Mundial”. En De agentes, rumores e informes confidenciales. La inteligencia política y los extranjeros (1910-1951), Coordinado por Delia Salazar Anaya y Gabriela Pulido Llano. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2015: 463-486.
Si quieres profundizar
- Friedman, Max Paul. Nazis y buenos vecinos. La campaña de EE UU contra los alemanes de América Latina durante la II Guerra Mundial. Machado Libros, 2008.
- Hernández Galindo, Sergio. La guerra contra los japoneses en México durante la segunda guerra mundial. Kiso Tsuru y Masao Imuro, migrantes vigilados. Itaca, 2011.